La sobremesa española: lectura en español B2
El arte español de quedarse en la mesa después de comer
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Pocas palabras definen tan bien una costumbre como «sobremesa». El diccionario de la Real Academia Española la define como el tiempo que se está a la mesa después de haber comido, pero para los españoles significa mucho más: es ese rato en el que nadie tiene prisa por levantarse y la conversación se convierte en la verdadera protagonista.
Muchos extranjeros se sorprenden al descubrir que en inglés, por ejemplo, no existe una palabra equivalente. En muchos países, cuando se termina de comer, lo habitual es recoger la mesa y seguir con otras actividades. En España, en cambio, la comida principal suele hacerse entre las dos y las cuatro de la tarde, y después llega el café, quizás una copa y, sobre todo, la charla. No es casualidad que la televisión hable de «programación de sobremesa» para referirse a las horas posteriores al almuerzo.
Desde un punto de vista sociológico, la sobremesa cumple funciones muy importantes. Es un espacio informal en el que se refuerzan los lazos familiares, se comparten noticias, se discute de política o de fútbol y, a veces, se resuelven conflictos que parecían imposibles de abordar en otro momento. También en el mundo profesional tiene su peso: hay quien asegura que una buena comida de trabajo seguida de una larga sobremesa puede ser más eficaz que varias reuniones formales.
A menudo se dice que en estas sobremesas se han cerrado contratos, pactos políticos e incluso acuerdos diplomáticos. Es probable que haya algo de verdad en ello, pero conviene no exagerar: no existe ninguna prueba de que la costumbre tenga un origen diplomático. Su raíz es mucho más sencilla y cotidiana: el valor que la cultura mediterránea concede al tiempo compartido alrededor de la mesa.
Hoy, con horarios de trabajo más rígidos y comidas cada vez más rápidas, la sobremesa larga es sobre todo cosa de fines de semana, vacaciones y celebraciones familiares. Aun así, sigue siendo el símbolo de una manera de entender la vida en la que las relaciones personales importan tanto como la comida. Y, curiosamente, la palabra ha encontrado otro uso: en España, un ordenador de sobremesa es el que no se lleva de un lado a otro, sino que se queda, precisamente, encima de la mesa.
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