El secreto acústico del teatro romano de Mérida - H Spanish Academy

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El secreto acústico del teatro romano de Mérida

Dos mil años de historia y un sonido que llega hasta la última grada

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En el año 25 antes de Cristo, el emperador Augusto fundó en el oeste de Hispania una ciudad para los soldados veteranos de sus guerras. La llamó Augusta Emerita, y hoy la conocemos como Mérida, la capital de Extremadura. Pocos años después, hacia el 16 o el 15 antes de Cristo, Agripa, un hombre de confianza del emperador, promovió la construcción de un gran teatro, uno de los monumentos romanos más impresionantes de España.

El teatro tenía capacidad para unas seis mil personas. Los espectadores se sentaban en la cavea, unas gradas de piedra en forma de semicírculo, divididas según la clase social: los más importantes, cerca de la escena, y el pueblo, arriba. Delante está el escenario, con un gran muro decorado con columnas de mármol y estatuas, que se llama frente escénico. No es solo bonito: también ayuda a que la voz de los actores llegue al público.

El gran secreto de este teatro es su acústica. Los romanos lo construyeron aprovechando la pendiente de una colina, y la forma semicircular de las gradas hace que el sonido se reparta de manera uniforme. Por eso, aunque no había micrófonos, los actores no necesitaban gritar. Los guías suelen hacer una prueba: alguien susurra o deja caer una moneda en el centro de la escena, y los visitantes que están en las últimas filas, a decenas de metros, lo oyen con claridad.

Durante siglos, el teatro estuvo casi olvidado. Con el tiempo, la tierra lo cubrió y solo se veía la parte más alta de las gradas. La gente de Mérida llamaba a esas piedras las Siete Sillas, y según una leyenda, allí se sentaron siete reyes para decidir el destino de la ciudad. En 1910 empezaron las excavaciones, dirigidas por el arqueólogo José Ramón Mélida, y poco a poco el teatro volvió a la luz.

Hoy no es solo un monumento: sigue funcionando como teatro. En 1933 se representó allí la tragedia Medea, con la famosa actriz Margarita Xirgu, y así nació el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, que se celebra cada verano. Desde 1993, el conjunto arqueológico de la ciudad es Patrimonio de la Humanidad. Sentarse en sus gradas una noche de julio y escuchar una tragedia bajo las estrellas es como viajar dos mil años atrás en el tiempo.

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