Comprensión de Lectura B1
Modelo de Examen 2 · DELE B1 · 25 Preguntas
Comprensión de un artículo informativo
España tiene fama en todo el mundo por sus horarios peculiares. Los españoles comen entre las dos y las tres de la tarde, cenan a partir de las nueve o incluso más tarde, y los programas de televisión con más audiencia terminan pasada la medianoche. Para muchos visitantes extranjeros, estas costumbres resultan sorprendentes, pero pocos conocen su verdadero origen.
Contrariamente a lo que se suele pensar, la causa principal no es la siesta, sino una decisión política. En 1940, España adelantó sus relojes una hora para tener la misma hora que Alemania, y nunca volvió a cambiarlos. Desde entonces, el país vive con un huso horario que no le corresponde geográficamente: por su posición, debería tener la misma hora que Portugal o el Reino Unido. Como consecuencia, el sol sale y se pone más tarde de lo que marca el reloj, y la vida diaria se ha ido adaptando a esa luz.
A este factor se sumó, durante la posguerra, la necesidad de muchos trabajadores de tener dos empleos para poder mantener a su familia. Trabajaban por la mañana en un sitio y por la tarde en otro, de modo que la comida se retrasaba y la jornada terminaba muy tarde. Aunque aquella situación económica desapareció hace décadas, la costumbre de la jornada partida se mantuvo en muchas empresas.
Hoy, numerosos expertos consideran que estos horarios tienen efectos negativos. Según varios estudios, los españoles duermen de media casi una hora menos que otros europeos, lo que afecta a su salud y a su rendimiento en el trabajo y en los estudios. Además, las largas jornadas dificultan la conciliación: muchos padres y madres apenas pueden pasar tiempo con sus hijos entre semana.
Por eso, desde hace años, una comisión formada por empresarios, sindicatos y especialistas propone volver al huso horario de Greenwich y adelantar tanto la hora de la comida como la salida del trabajo. Algunas empresas ya han introducido la jornada continua, de ocho de la mañana a tres de la tarde, y aseguran que sus empleados están más motivados y que la productividad no ha bajado.
Sin embargo, el cambio no será fácil. Los horarios forman parte de la identidad cultural del país, y muchos españoles no quieren renunciar a las largas sobremesas ni a las noches de verano en la calle. Como resume una socióloga: "No se trata de copiar a otros países, sino de encontrar un equilibrio entre nuestra forma de vivir y nuestro bienestar".
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Relacionar textos y personas
Comprensión de un artículo cultural
Cada año, cientos de miles de personas de todo el mundo recorren a pie, en bicicleta o incluso a caballo los caminos que llevan hasta Santiago de Compostela, en Galicia. Según la tradición, allí se encuentra la tumba del apóstol Santiago, descubierta en el siglo IX. Desde entonces, la ciudad se convirtió, junto con Roma y Jerusalén, en uno de los tres grandes destinos de peregrinación de la cristiandad.
Durante la Edad Media, el Camino tuvo una enorme importancia no solo religiosa, sino también económica y cultural. A lo largo de la ruta se construyeron hospitales, iglesias, puentes y albergues para atender a los peregrinos, y alrededor de ellos nacieron pueblos y ciudades. Por el Camino circulaban también ideas, estilos artísticos y lenguas, por lo que algunos historiadores lo consideran una de las primeras rutas que unieron Europa.
Tras varios siglos de decadencia, el Camino volvió a despertar en la segunda mitad del siglo XX. En 1987 fue declarado el primer Itinerario Cultural Europeo, y en 1993 la UNESCO incluyó el Camino Francés en la lista del Patrimonio Mundial. A partir de entonces, el número de peregrinos no ha dejado de aumentar: si en 1985 llegaron a Santiago menos de 3.000, en la actualidad son más de 400.000 al año.
Los motivos de los caminantes también han cambiado. Aunque una parte sigue haciéndolo por razones religiosas, muchos buscan hoy un reto deportivo, un tiempo para reflexionar o, simplemente, la oportunidad de conocer a gente de otros países. "En el Camino todos somos iguales: da igual tu profesión o tu dinero, todos llevamos la misma mochila y dormimos en los mismos albergues", explica un hospitalero que lleva quince años atendiendo a peregrinos.
Para obtener la Compostela, el certificado oficial que se entrega en Santiago, hay que recorrer como mínimo los últimos 100 kilómetros a pie o los últimos 200 en bicicleta, y demostrarlo con los sellos de la credencial, una especie de pasaporte del peregrino. Por eso, muchos comienzan su ruta en Sarria, un pueblo situado a poco más de cien kilómetros de la meta.
Este éxito, sin embargo, tiene su lado negativo. En los meses de verano, algunos tramos están tan llenos que resulta difícil encontrar alojamiento, y ciertos vecinos se quejan de la basura y del ruido. Las autoridades gallegas intentan repartir mejor a los caminantes animándolos a elegir rutas menos conocidas, como el Camino del Norte o el Primitivo, y a viajar fuera de temporada.
Según el texto, Santiago de Compostela se convirtió en un gran destino de peregrinación porque...
En la Edad Media, el Camino de Santiago...
Según el texto, desde finales del siglo XX el Camino...
Según el hospitalero, en el Camino...
Muchos peregrinos empiezan el Camino en Sarria porque...
¿Qué hacen las autoridades gallegas ante los problemas que causa el éxito del Camino?