Los cenotes mayas: lectura en español B2
Portales sagrados, trampas naturales y laberintos bajo el agua
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Quien viaje por el norte de la península de Yucatán, en México, notará algo extraño: apenas hay ríos ni lagos en la superficie. Sin embargo, el agua no falta. Está escondida bajo tierra y se asoma al exterior a través de miles de pozos naturales llamados cenotes. Se calcula que en la península hay entre 7.000 y 10.000.
Su origen es geológico. El suelo de Yucatán está formado por roca caliza, un material que el agua de lluvia disuelve lentamente. Durante millones de años, el agua fue excavando cuevas y ríos subterráneos, hasta que en algunos puntos el techo se derrumbó y dejó al descubierto el agua dulce. Curiosamente, muchos cenotes forman un gran arco, el llamado anillo de cenotes, que coincide con el borde del cráter que dejó el meteorito de Chicxulub hace unos 66 millones de años, el mismo que contribuyó a la extinción de los dinosaurios.
Para los antiguos mayas, los cenotes eran mucho más que una fuente de agua. Los consideraban puertas hacia el inframundo, el mundo de los muertos, al que el Popol Vuh, el libro sagrado de los mayas quichés, llama Xibalbá. Por eso les ofrecían objetos de jade, cerámica y oro y, en algunos casos, también sacrificios humanos. En el Cenote Sagrado de Chichén Itzá, los arqueólogos han encontrado miles de objetos y restos humanos en el fondo del agua.
Los cenotes también han funcionado como trampas. Hace más de 12.000 años, cuando el nivel del mar era mucho más bajo, muchas de estas cuevas estaban secas. En una de ellas, conocida hoy como Hoyo Negro, cayó accidentalmente una adolescente. Al terminar la última glaciación, el mar subió, la cueva se inundó y su esqueleto se conservó de forma excepcional. Los buzos que la encontraron en 2007 la llamaron Naia, y hoy es uno de los restos humanos más antiguos de América.
En 2018, un equipo confirmó que dos grandes redes de cuevas estaban conectadas y formaban el sistema Sac Actun, con unos 347 kilómetros de galerías inundadas: el más largo conocido del planeta. Sin embargo, este tesoro es frágil. El crecimiento del turismo y la contaminación amenazan el agua de los cenotes, que sigue siendo, como en tiempos de los mayas, la principal fuente de vida de la región.
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