La tumba del creador del submarino español
El submarino que superó las pruebas y que nadie quiso construir
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En el cementerio de Nuestra Señora de los Remedios, en Cartagena, hay una tumba que muchos visitantes buscan. Allí descansa Isaac Peral, un marino e inventor que nació en esa ciudad en 1851. Su nombre no es tan conocido como el de otros inventores, pero, según muchos historiadores, fue el creador del primer submarino torpedero eléctrico del mundo.
Peral era oficial de la Armada española y tenía una gran pasión por la ciencia. En aquella época, varios países intentaban construir barcos capaces de navegar bajo el agua, pero casi todos tenían problemas graves. Peral tuvo una idea nueva: usar motores eléctricos y baterías, en lugar de vapor, para moverse en silencio y sin humo. Después de años de estudio, presentó su proyecto al Gobierno, que aceptó pagarlo.
El submarino, de unos 22 metros de largo, se botó el 8 de septiembre de 1888 en el arsenal de La Carraca, en la bahía de Cádiz. Durante los dos años siguientes, Peral y su tripulación hicieron muchas pruebas. El barco navegó sumergido, mantuvo la profundidad y lanzó torpedos debajo del agua. Miles de personas seguían las noticias en los periódicos, y Peral se convirtió en un héroe nacional.
Sin embargo, la historia no terminó bien. Una comisión de la Armada estudió los resultados y decidió que el invento tenía demasiados defectos. Muchos creen que detrás de esta decisión había celos, rivalidades políticas y una burocracia que no confiaba en las ideas nuevas. El proyecto se abandonó, y Peral, decepcionado, dejó la Armada en 1891. Pocos años después enfermó y murió en Berlín en 1895, con solo 43 años.
Primero lo enterraron en Madrid, pero los habitantes de Cartagena pidieron que sus restos volvieran a su ciudad natal, y en 1911 llegaron al cementerio de los Remedios. Hoy Cartagena también guarda su gran obra: el submarino original, que durante décadas estuvo expuesto al aire libre junto al puerto, se encuentra desde 2013 en el Museo Naval de la ciudad. Así, el inventor y su invento, rechazado hace más de un siglo, están por fin juntos y reciben el reconocimiento que merecen.
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